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Directorios al Descubierto – Desafíos reales de Directorios reales (y cómo superarlos)

Recibí la noticia con la melancolía de quien ve cerrar una librería antigua donde compró sus primeros libros importantes. Tuve el privilegio de publicar en MIT Sloan Management Review, y conozco desde adentro el rigor de su proceso editorial. Esa institución cerrará en septiembre de 2026 después de 67 años. Es una pérdida real para el campo, y conviene nombrarla así antes de pasar al análisis.

Pero la nostalgia es mala consejera. La carta del decano Richard Locke hablará de “reestructuración comunicacional” y “cambios en cómo las audiencias consumen ideas”. Esa narrativa oficial oculta más de lo que revela. Detrás del cierre hay cinco lecciones estratégicas que todo presidente de directorio, todo CEO con apetito de pensamiento serio, todo educador ejecutivo, debería procesar antes que la nube de polvo del comunicado se asiente.

No murió la categoría: murió un modelo específico

La trampa intelectual más común esta semana ha sido leer el cierre de SMR como evidencia de que el periodismo editorial de management murió, o de que el formato largo ya no funciona, o de que los lectores ejecutivos no quieren rigor. Es exactamente al revés. Rita McGrath, profesora de Columbia, lo formuló con precisión en Fast Company: SMR operaba como una proposición de mercado de dos lados donde el activo escaso era el acceso exclusivo a los profesores top. Ese monopolio de acceso desapareció. Un profesor de prestigio hoy llega a más ejecutivos con un post de LinkedIn que con un paper en SMR detrás de un portal pagado.

Lo que murió, entonces, fue un modelo de negocio muy preciso: redacción centralizada de 43 personas, distribución por suscripción y kiosco, ingresos por publicidad B2B genérica, P&L independiente que debía justificarse por sí mismo cada trimestre. Ese arreglo era muy propio de una era industrial del siglo XX. La función que cumplía SMR, traducir investigación seria en decisiones ejecutivas accionables, está hoy más demandada que nunca. Lo que faltan son los vehículos correctos para cumplirla.

En la era de la IA, el traductor vale MÁS, no menos

Steve Andriole, profesor en Villanova, lo dijo bien y se le ignoró: la inteligencia artificial no es una amenaza para una publicación seria; es una oportunidad. La interpretación contraria (que si ChatGPT resume papers, ya no se necesitan editores) confunde resumen con curaduría, síntesis con criterio, generación con autoridad. Un paper de Academy of Management Journal resumido por una IA es información. La misma idea, contextualizada por alguien que ha visto 200 directorios desde adentro, contrastada con la realidad de tres mercados específicos, y conectada a una decisión que el lector tiene que tomar la próxima semana, es conocimiento.

La IA acelera la comoditización de la información genérica. Pero precisamente por eso, lo escaso ahora es lo opuesto: criterio, contexto, voz. SMR perdió porque operaba en el plano de la información generalizable. Los vehículos editoriales que ganarán son los que combinan investigación rigurosa con un punto de vista enraizado en una realidad específica que la IA no puede sintetizar bien porque no la conoce.

Lo genérico se comoditiza; lo contextual se valoriza

Aquí está la lección más incómoda para los lectores latinoamericanos. SMR cubría mayormente un universo corporativo anglosajón con instituciones maduras, mercados profundos, dispersión accionaria y reguladores predecibles. Era valiosa para nosotros como referencia, pero rara vez como espejo. Cuando un director chileno leía un caso de Harvard sobre activist investors, hacía la traducción mental al contexto del controlador familiar; el caso no le entregaba esa traducción.

Thomas Davenport, quien contribuía con SMR desde 1990, llevó esta lógica al extremo en su entrevista a Inc.: dijo que el concepto mismo de “management” está obsoleto en un mundo de sistemas complejos adaptativos donde las corporaciones emergen más que ser gestionadas. Tiene parcialmente razón, sobre Silicon Valley. Pero el 80% de la economía latinoamericana está organizada en torno a empresas familiares, conglomerados concentrados, instituciones inmaduras y mercados volátiles. Aquí, el management como disciplina práctica sigue siendo el lenguaje operativo dominante. Solo que necesita ser traducido a este contexto, no extrapolado desde Cambridge.

Lo que la IA hace mal, contextualizar profundamente realidades que no aparecen en sus datos de entrenamiento, es exactamente lo que vale más.

El P&L independiente murió; los ecosistemas de “thought leadership” ganan

Locke heredó un activo que tenía que sustentarse como unidad de negocio aislada. Esa lógica condena a la mayoría de las publicaciones serias. La estructura económica que funciona hoy es distinta: la publicación es un componente integrado de un sistema más amplio de creación de valor que incluye programas ejecutivos, advisory, investigación aplicada, y formación de redes de directivos. La revista no tiene que ganar dinero por sí misma; tiene que generar contexto, autoridad y filtro que alimentan los otros componentes.

Harvard Business Review sobrevive porque está acoplada a HBS Publishing, Executive Education, y el flujo de casos. McKinsey Quarterly nunca tuvo que ser rentable por sí misma. La pregunta correcta para cualquier vehículo editorial serio no es “¿puede sostenerse solo?” sino “¿qué activos institucionales más amplios lo hacen sostenible y cuáles él hace más valiosos?”.

El vacío que deja SMR no es global, es local

Adi Ignatius, editor de Harvard Business Review (HBR), escribió que este cierre “erosionará el estatus de MIT “. McGrath lamentó la pérdida de un competidor que mantenía a HBR honesta. Ambos hablan desde el centro del sistema. Desde la periferia el problema es otro. Para América Latina, SMR fue siempre una referencia distante. Nunca cubrió bien nuestras realidades: controlador concentrado, transición generacional en empresas familiares, gobernanza bajo volatilidad macroeconómica, directorios en empresas reguladas por organismos jóvenes, cultura del compadrazgo formal. El espacio de pensamiento serio sobre estos temas, escrito desde acá con estándares globales, sigue estando vacío.

El cierre de SMR ilumina ese vacío sin llenarlo. Y la pregunta para los presidentes de directorio, headhunters, family offices, reguladores y educadores ejecutivos de la región es si vamos a seguir esperando que alguien en Boston lo escriba, o si vamos a ocupar el espacio nosotros.

Para reflexionar en su directorio:

  1. ¿De dónde provienen los marcos conceptuales que usa su directorio para evaluar estrategia, riesgo y composición? ¿De realidades comparables a la suya o de extrapolaciones que requieren traducción mental constante?

  2. ¿Qué publicaciones rigurosas existen hoy para directorios latinoamericanos que no sean traducción literal de pensamiento producido en otros contextos?

  3. Si una marca editorial de 67 años, con el respaldo de MIT, no logró sostenerse, ¿qué condiciones estructurales hacen sostenible cualquier vehículo de pensamiento serio en nuestra región?

  4. ¿Qué proporción de lo que su equipo directivo lee es síntesis de IA que cualquiera puede generar, versus criterio editado que entrega ventaja competitiva real?

  5. En su industria, ¿quién está haciendo hoy el trabajo de traducción entre investigación y decisión que MIT SMR cumplió durante décadas? Si la respuesta es “nadie”, ¿qué consecuencias tiene eso para la calidad de las decisiones que se tomarán?

Las revistas no mueren porque la información sea abundante. Mueren cuando dejan de ofrecer lo único que justifica pagar por ellas: criterio enraizado en una realidad específica, voz que asume posición, traducción que la máquina no puede hacer.

P.D. La paradoja final es esta: SMR cierra precisamente cuando el trabajo que hacía es más necesario que nunca. La conclusión obvia sería que el mercado se equivoca. La conclusión correcta es que el modelo se equivocó, no la misión. La misión sigue ahí, esperando a quien sepa rediseñar el vehículo.