Better Boards, Real Value

Directorios al Descubierto – Desafíos reales de Directorios reales (y cómo superarlos)


Mi muy querido amigo y colega Fernando Zerboni escribió esta semana algo que me resonó profundamente: está cansado de los profetas del apocalipsis. De Harari con su cara de funeral cada vez que habla de inteligencia artificial. De Byung-Chul Han y su “sociedad del cansancio”. De toda una industria intelectual que ha convertido el pesimismo en un rentable bestseller.

Fernando da en el clavo, pero quiero señalar también que hay una robusta arquitectura intelectual que sostiene su argumento, y una implicación directa para quienes lideramos organizaciones.

El sesgo evolutivo que nos engaña

Tversky y Kahneman identificaron hace décadas la heurística de disponibilidad: juzgamos la frecuencia de eventos según la facilidad con que vienen a nuestra mente. Si en la prehistoria escuchabamos de un ataque de un león, era muy probable que el león estuviese cerca. Nuestros cuerpos y cerebros se ponían en alerta frente a la amenaza.

Hoy en día, la exposición repetida a noticias negativas sobre Ucrania, Gaza o Minneapolis también nos tienen en alerta aunque ocurra a miles de kilómetros. Además las buenas noticias, en especial si son graduales, no son noticia. Los medios, sin querer, distorsionan nuestra percepción del mundo (y para mal)

Pero los datos cuentan otra historia. Steven Pinker en Enlightenment Now presenta 75 gráficos que demuestran mejoras en casi todas las dimensiones del bienestar humano. Hans Rosling documentó algo revelador: cuando se hacen preguntas simples sobre tendencias globales, sistemáticamente nos equivocamos. Tan mal que un chimpancé eligiendo respuestas al azar superaría a profesores, periodistas y premios Nobel.

La paradoja del pesimismo de élite

Fernando señala algo incómodo: estos profetas no le hablan a todo el mundo. Le hablan “con mira telescópica” a una élite asustada que acaba de descubrir que la tecnología también viene por sus trabajos. El obrero de una fábrica sabe desde lmuchas décadas que su empleo puede desaparecer mañana. El campesino sabe que el clima es impredecible. Esa gente no necesita que Harari le explique que el futuro es incierto. Lo vive todos los días. Y sin embargo, no están paralizados.

Aquí radica la paradoja: los que más hablan del colapso son los que menos lo viven. Los que más escriben sobre la pérdida de sentido son los que tienen suficiente tiempo y recursos para sentarse a pensar en el sentido.

Por qué esto importa en la sala de directorio

Desde la perspectiva de gobierno corporativo, el sesgo catastrofista tiene costos reales. Genera parálisis estratégica frente a la disrupción tecnológica, subinversión en innovación por miedo exagerado al cambio, y mala asignación de capital hacia riesgos sobredimensionados.

En América Latina, donde la incertidumbre es condición estructural y no novedad, los directorios que operan con “factfulness” —una visión basada en datos, no en titulares— toman mejores decisiones de largo plazo. Los líderes que ven oportunidad en las crisis, crecimiento en las dificultades, y que ayudan a dar sentido a quienes lideran, construyen organizaciones resilientes.

No se trata de negar problemas reales. El cambio climático, la desigualdad, los riesgos de una IA mal regulada existen. Se trata de calibrar correctamente: ¿estamos mejor o peor que hace 50 años? Los datos son inequívocos en casi todas las dimensiones.

Como dice Max Roser de Our World in Data: “El mundo está mucho mejor; el mundo es terrible; el mundo puede estar mucho mejor.” Las tres cosas son ciertas simultáneamente.

Para reflexionar en su directorio:

¿Cuántas decisiones estratégicas han postergado por miedo a un futuro que los datos no justifican? ¿Están construyendo narrativas de oportunidad o alimentando el catastrofismo que paraliza?

El optimismo informado no es ingenuidad. Es una competencia directiva.

P.D. Fernando tiene razón: el descubrimiento tardío de la incertidumbre por parte de las élites no es una crisis civilizatoria. Es una invitación a desarrollar la resiliencia que el resto del mundo ya practica.