Imagina esta escena: acaba de concluir una reunión del directorio donde todo fluyó perfectamente. Los miembros estuvieron completamente alineados, el ambiente fue amistoso, y al final hubo risas y aplausos espontáneos. Sales pensando: “¡Qué gran química tenemos!” Sin embargo, mientras caminas hacia tu auto, una incómoda pregunta te persigue: “¿Realmente tomamos las mejores decisiones, o simplemente nos llevamos demasiado bien?”

Muchos directivos confunden la armonía personal con la efectividad estratégica. Pero estudios e investigaciones sobre dinámica grupal revelan algo preocupante: una buena química excesiva puede llevar al temido “groupthink” (pensamiento grupal), fenómeno descrito por Irving Janis, donde el deseo de armonía reemplaza al pensamiento crítico.

El peligro silencioso del “Groupthink”

Cuando los miembros del directorio se sienten demasiado cómodos entre ellos, la probabilidad de cuestionar, debatir o desafiar una idea disminuye drásticamente. Este fenómeno conlleva riesgos importantes:

En su análisis sobre la crisis financiera de 2008, estudios publicados en la Harvard Business Review destacaron cómo varios directorios altamente cohesivos ignoraron señales claras de riesgo por temor a disentir internamente. Empresas emblemáticas como Lehman Brothers y Bear Stearns pagaron caro la armonía excesiva de sus directivos.

La tensión positiva como clave del éxito

El equilibrio entre armonía y tensión productiva puede parecer contradictorio, pero es exactamente lo que necesitan los directorios para prosperar. Empresas líderes como Netflix y Amazon promueven activamente el debate interno y la diversidad cognitiva para tomar decisiones robustas y fundamentadas.

Para lograr esto, los directorios exitosos implementan prácticas como:

Un estudio del MIT Sloan Management Review reveló que las empresas con alta diversidad cognitiva reportaron un 20% más de innovación en sus procesos y productos.

Cómo evitar caer en la trampa de la “buena química” excesiva:

Preguntas de reflexión para el directorio:

  1. ¿Cuándo fue la última vez que alguien planteó una opinión radicalmente diferente en una reunión y cómo fue recibida?

  2. ¿Tenemos procesos claros para asegurar que todas las voces, especialmente las divergentes, sean escuchadas y consideradas?

  3. ¿Está nuestro directorio suficientemente diversificado en términos de pensamiento, experiencia y perspectiva, o tendemos a buscar perfiles muy similares?

  4. ¿Hemos confundido la cordialidad con la efectividad estratégica, evitando temas difíciles para mantener el buen ambiente?

Conclusión

La química entre los miembros del directorio puede ser un activo valioso, siempre que no se convierta en complacencia. La clave está en balancear la armonía con suficiente tensión positiva que permita tomar decisiones informadas y bien debatidas.

P.D.: Si en tu directorio nadie cuestiona nada, es posible que la verdadera química que necesitan sea más tensión y menos comodidad.

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