La escena es común:

El presidente del directorio, ansioso por mantener la armonía, interrumpe sutilmente cada vez que la discusión se vuelve incómoda. “Quizás deberíamos avanzar…” “En aras del tiempo…” “Creo que ya todos entendimos el punto…”

Y así, sistemáticamente, las conversaciones difíciles pero necesarias mueren antes de nacer.

El arte perdido de la dirección

Como un director de orquesta obsesionado con que todos toquen la misma nota, muchos presidentes de directorio han confundido armonía con unanimidad, debate con conflicto, disenso con disfunción.

El resultado es predecible: directorios que suenan como monótonos solos cuando deberían ser ricas sinfonías de perspectivas diversas.

La partitura del silencio

Los signos son sutiles pero letales:

No es paz lo que estamos creando. Es el silencio de la irrelevancia.

El costo de la falsa armonía

Cuando el presidente prioriza el consenso superficial sobre el debate profundo:

El verdadero rol del director de orquesta

El presidente efectivo no busca que todos toquen la misma nota. Su rol es:

La partitura del debate efectivo

1) Crear seguridad psicológica No es suficiente decir “aquí se puede opinar”. Hay que demostrarlo:

2) Gestionar el tiempo, no el debate

3) Cultivar las voces diversas

El arte de la conversación difícil

Un presidente efectivo:

Para reflexionar en el directorio:

  1. ¿Cuándo fue la última vez que una discusión cambió realmente una decisión importante?

  2. ¿Qué voces se han silenciado en nuestro directorio?

  3. ¿Estamos confundiendo eficiencia con efectividad?

  4. ¿Nuestro consenso es real o superficial?

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