Todos hemos visto la escena: El CEO presenta con confianza su visión estratégica mientras los directores asienten, algunos con genuino interés, otros simplemente por protocolo. Al terminar la exposición, el presidente del directorio pregunta: “¿Alguna pregunta?”. Silencio incómodo. Unos minutos de comentarios superficiales. Aprobación unánime. Todos regresan a casa satisfechos por la “productiva reunión”… excepto por esa sensación persistente de que las verdaderas preguntas quedaron sin formular.

En América Latina, la relación directorio-CEO no es solo un ejercicio de gobernanza; es una compleja danza de poder, expectativas y realidades culturales que raramente se discuten abiertamente.

La ilusión del equilibrio perfecto

El modelo teórico es claro: el directorio supervisa, fija rumbo estratégico y el CEO ejecuta. Pero la realidad latinoamericana muestra tres escenarios frecuentes:

El factor latinoamericano

En nuestra región, tres elementos agudizan estas tensiones:

La alta concentración de propiedad familiar genera dinámicas donde lealtades personales a menudo superan responsabilidades institucionales. El respeto jerárquico cultural dificulta el cuestionamiento constructivo. La menor independencia efectiva de los directores limita su capacidad para desafiar posiciones establecidas.

Señales de desequilibrios peligrosos

Un directorio debe preocuparse cuando:

Construyendo relaciones productivas

El verdadero equilibrio directorio-CEO no es estático sino dinámico, y requiere:

  1. Definición explícita de roles: Documentar claramente qué decisiones corresponden a quién, con revisión periódica de estos límites.

  2. Acceso directo a información: Establecer canales para que el directorio obtenga datos e insights sin filtros ejecutivos.

  3. Evaluación bidireccional: Tanto el CEO como el directorio deben evaluarse mutuamente con parámetros transparentes y consecuencias reales.

Para reflexionar en su directorio:

P.D. La relación directorio-CEO no debe ser de confrontación ni de sumisión, sino una tensión productiva donde el cuestionamiento constructivo y el respeto mutuo coexisten para crear valor sostenible. El verdadero equilibrio no se encuentra en perfecta armonía, sino en una disonancia constructiva cuidadosamente orquestada.

Este ensayo también apareció en