Piense en la última presentación de riesgos que recibió su directorio. ¿Quién la preparó? ¿Quién seleccionó los datos que incluía? ¿Quién decidió qué quedaba fuera? Y la pregunta que nadie hace: ¿los incentivos de quien preparó esa presentación están alineados con mostrarle a usted la verdad completa, o con que la operación no se detenga?

La mayoría de los directorios opera sobre una ficción confortable: que la información que reciben es la información que necesitan. En la práctica, toda la información que llega a la sala del directorio ha sido editada, resumida, contextualizada y priorizada por personas que tienen intereses legítimos pero no necesariamente alineados con la función de supervisión. No es conspiración. Es la naturaleza de las cadenas de reporte.

Andrew Hopkins, el investigador australiano que ha estudiado más desastres industriales que cualquier académico vivo, identificó un patrón recurrente: en casi todos los casos, la información que habría permitido prevenir la catástrofe existía dentro de la organización. El problema no fue ausencia de información. Fue que los canales por donde debía fluir estaban obstruidos por los incentivos de quienes los controlaban.

En BP, el Baker Panel advirtió tres años antes del Deepwater Horizon que la empresa estaba monitoreando la seguridad equivocada: medía resbalones y caídas mientras ignoraba los riesgos de proceso que podían volar la plataforma. Los datos existían, pero la línea ejecutiva que los filtraba tenía incentivos de producción, no de transparencia. En Pike River, hubo veintiún reportes de metano alcanzando volúmenes explosivos en los últimos cuarenta y ocho días antes de la explosión que mató a veintinueve mineros. El presidente del directorio no había leído las revisiones externas de seguridad. La información estaba ahí. Nadie la hizo llegar.

Para los directorios de América Latina, donde la concentración de propiedad familiar hace que los flujos de información sean aún más personalizados y las lealtades más complejas, el riesgo se amplifica. ¿Quién le dice al patriarca lo que no quiere escuchar? ¿Quién le muestra al directorio la zona que opera sin permisos cuando reportarla implica detener la producción? Las relaciones de confianza que son la fortaleza de la empresa familiar se convierten en su mayor vulnerabilidad cuando sustituyen los canales institucionales de información.

La solución no es desconfiar de los ejecutivos. Es construir redundancia informativa. Las mejores prácticas internacionales convergen en tres mecanismos: primero, que la función de riesgo existencial tenga línea directa al comité correspondiente del directorio, sin pasar por la línea ejecutiva operativa. Segundo, que el directorio tenga acceso periódico a datos crudos, no solo a presentaciones ejecutivas procesadas. Tercero, que exista al menos un canal confidencial por el cual los niveles intermedios puedan escalar alarmas sin exponerse al mismo sistema de incentivos que las suprime.

Esto no es teoría. En febrero de 2026, una auditoría interna de Codelco, la mayor productora de cobre del mundo, reveló que ejecutivos de su mina subterránea más grande habían eliminado zonas completas de los informes enviados al regulador durante más de treinta meses. Seis trabajadores habían muerto meses antes. El detalle de gobernanza más revelador: el canal por el cual la información de seguridad llegaba al directorio pasaba a través del mismo cargo cuyo ocupante participó en el ocultamiento. Inspectores del regulador minero declararon ante la fiscalía que durante su investigación de un evento sísmico previo, “deliberadamente” no se les informó de daños en zonas que operaban sin permisos. La información que habría permitido actuar existía dentro de la organización. Pero el principal canal para que llegara al directorio estaba controlado por quienes tenían los mayores incentivos para suprimirla.

Pregunta para el directorio: si mañana un gerente descubriera que una zona crítica de su operación está funcionando al margen de las normas, ¿por qué canal llegaría esa información a la sala del directorio? ¿Y los incentivos de cada persona en esa cadena favorecen que la información suba, o que desaparezca?

P.D. Un directorio que solo ve lo que la administración quiere mostrarle no está supervisando. Está siendo espectador de una obra cuyo guion lo escribió otro.