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Directorios al Descubierto – Desafíos reales de Directorios reales (y cómo superarlos)

La escena se repite en fundaciones y ONGs de toda América Latina: un directorio compuesto por profesionales distinguidos que donan generosamente su tiempo, se reúnen una vez al mes y revisan en noventa minutos una agenda que requeriría cuatro horas de discusión seria. Al salir, todos sienten que cumplieron. Nadie cobra un peso. Y sin embargo, esa reunión acaba de costarle a la organización mucho más de lo que imagina.

Existe una creencia arraigada en el tercer sector: que un directorio sin honorarios es sinónimo de compromiso desinteresado. Si nadie cobra, nadie tiene conflictos de interés. Si los directores son voluntarios, cada centavo va a la misión. ¿Verdad? La realidad es más compleja, y las consecuencias de este mito pueden ser devastadoras.

Los costos invisibles que nadie contabiliza

El primer costo oculto es la falta de preparación. Una encuesta de la universidad de Stanford con 924 directores de organizaciones sin fines de lucro reveló que más de una cuarta parte no comprende profundamente la misión de su organización, y casi la mitad no cree que sus colegas estén comprometidos con el trabajo del directorio. Cuando el cargo no tiene retribución formal, la expectativa de dedicación se diluye. Lo que no tiene un costo explícito rara vez recibe la atención que merece.

El segundo costo es la homogeneidad disfrazada de generosidad. Los directorios voluntarios suelen llenarse con personas del mismo círculo social del fundador. No es que carezcan de valor, sino que el criterio de selección privilegia la disponibilidad y la cercanía por sobre la competencia que la organización necesita. El resultado: sobra buena voluntad y falta expertise en áreas críticas como finanzas, medición de impacto o gestión de talento.

El tercer costo es la ausencia de accountability. Según el mismo estudio de Stanford, el 32% de los directores no cree que su directorio pueda evaluar el desempeño organizacional, y un 42% ni siquiera cuenta con comité de auditoría. Cuando no hay compensación, resulta casi imposible exigir resultados. ¿Cómo le pides cuentas a alguien que te está haciendo un favor?

La paradoja latinoamericana

En América Latina esta dinámica adquiere capas adicionales. Muchas ONGs nacen del impulso de grupos económicos que colocan a miembros de su entorno en el directorio como extensión de su influencia social. Esto genera una gobernanza donde la lealtad al fundador pesa más que la supervisión independiente, y donde cuestionar al director ejecutivo se convierte en descortesía social antes que en deber fiduciario. La ironía es profunda: exigimos gobiernos corporativos robustos para proteger el capital privado, pero toleramos gobernanzas precarias cuando lo que está en juego es el bienestar de comunidades vulnerables.

Hacia un directorio que honre la misión

Las organizaciones más efectivas sugieren un camino intermedio. Primero, establecer expectativas claras de dedicación, preparación y asistencia para cada director, independientemente de si no recibe compensación. Un compromiso sin estructura es solo una intención. Segundo, considerar formas de reconocimiento que señalen que el trabajo del director tiene valor: reembolso de gastos, acceso a formación, o una compensación simbólica que formalice la relación. Tercero, separar la selección de directores de las redes sociales del fundador. La American Bar Association ha documentado cómo las organizaciones que conforman directorios con amigos y familia del CEO enfrentan las crisis más severas.

Vale la pena preguntarse si nuestro directorio tiene la diversidad de competencias que la misión exige, o si lo hemos diseñado para la comodidad del equipo fundador. ¿Cuándo fue la última vez que un director hizo una pregunta verdaderamente incómoda sobre la efectividad de un programa? Y en el contexto latinoamericano, donde tantas ONGs dependen del patrocinio de grupos familiares, ¿es realmente posible tener independencia cuando quien dona también gobierna?

El talento gratuito no existe. Siempre tiene un costo. La pregunta es si preferimos pagarlo en honorarios razonables que profesionalicen la gobernanza, o en decisiones mediocres y oportunidades desperdiciadas que terminan costando mucho más. Las comunidades que dependen de estas organizaciones merecen directorios a la altura de la misión, no a la altura de la conveniencia.

P.D. La próxima vez que alguien le diga con orgullo que su ONG “no gasta en directorio”, pregúntele cuánto está gastando en las consecuencias de no tener uno que funcione.

Referencias

Larcker, D. F., Donatiello, N. E., Meehan, W. F., III, & Tayan, B. (2015). 2015 Survey on Board of Directors of Nonprofit Organizations. Stanford Graduate School of Business, Rock Center for Corporate Governance, BoardSource & GuideStar. https://www.gsb.stanford.edu/faculty-research/publications/2015-survey-board-directors-nonprofit-organizations

Jaffari, K. I., Elson, C. M., Lowe, K. A., Wright, S. D., Brownstein, H. B., & Distefano, S. (s.f.). Governance Challenges of Nonprofit Organizations. American Bar Association, Business Law Section, Corporate Governance Committee. https://learningcenter.americanbar.org/courses/92366

Griswold, J., Tenenbaum, J., & Lott, N. (s.f.). Evolving Challenges in Nonprofit Governance. Commonfund Institute. https://www.commonfund.org/research-center/articles/evolving-challenges-in-nonprofit-governance