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Directorios al Descubierto – Desafíos reales de Directorios reales (y cómo superarlos)

(El conflicto entre los que trabajan y los que solo heredan)

María trabaja sesenta horas semanales como gerente de operaciones en la empresa que fundó su abuelo. Su primo Andrés vive en Miami, nunca ha pisado una planta de producción, y cada trimestre recibe un cheque idéntico al de ella por concepto de dividendos. Cuando María propone reinvertir las utilidades para modernizar la tecnología, Andrés vota en contra porque necesita mantener su estilo de vida. Cuando Andrés sugiere aumentar los dividendos, María se indigna porque siente que su esfuerzo subsidia la comodidad de quienes no aportan. Esta tensión, que comenzó como una diferencia de opiniones, hoy amenaza con destruir una empresa que genera empleo para más de quinientas familias.

La raíz del conflicto

El conflicto entre accionistas que trabajan y accionistas que solo heredan es quizás el más predecible y el menos discutido en las empresas familiares latinoamericanas. Su origen está en una asimetría fundamental: quienes trabajan en la empresa tienen dos fuentes de ingreso y una conexión emocional con el negocio, mientras quienes no trabajan dependen exclusivamente de los dividendos y ven la empresa principalmente desde su dimensión de activo financiero. Estas perspectivas diferentes no son incorrectas ni ilegítimas; simplemente son incompatibles si no se gestionan explícitamente.

La situación se complica porque las familias raramente discuten las reglas del juego antes de que los intereses diverjan. Cuando el fundador estaba vivo, su autoridad moral resolvía los conflictos. Cuando la segunda generación tomó el control, los hermanos que habían crecido juntos encontraban acuerdos aceptables. Pero cuando la tercera generación hereda, los primos que apenas se conocen deben tomar decisiones conjuntas sobre dinero, y descubren que no tienen un lenguaje común ni criterios compartidos para hacerlo.

Las trampas de la igualdad

Muchas familias intentan resolver este conflicto tratando a todos los accionistas exactamente igual, bajo la premisa de que la igualdad es justa. Sin embargo, esta aparente equidad esconde inequidades profundas. El accionista que trabaja en la empresa tiene acceso a información privilegiada, oportunidades de carrera, beneficios corporativos y una red de contactos profesionales que el accionista pasivo no tiene. Pretender que un dividendo idéntico compensa estas diferencias es ignorar la realidad de cómo se crea y distribuye el valor en una empresa familiar.

Por otro lado, quienes trabajan en la empresa frecuentemente reciben compensaciones que no se transparentan adecuadamente: salarios por encima del mercado, gastos de representación, vehículos de la empresa, y la posibilidad de emplear a sus propios hijos en posiciones que quizás no obtendrían en otra organización. Cuando los accionistas pasivos perciben que están subsidiando estos privilegios ocultos, su frustración es comprensible y legítima. (Ojo que muchas veces es justo al revés: familiares que trabajan en la empresa reciben salarios bajo mercado con el argumento de que trabajan en lo propio y se deben sacrificar por la familia. Al otro lado nadie les valora “el sacrificio”)

Estructurando expectativas

Las familias que logran manejar este conflicto sin destruirse comparten un enfoque común: separan explícitamente las conversaciones sobre compensación por trabajo de las conversaciones sobre retorno por propiedad. Esto significa establecer políticas claras donde los salarios de familiares se evalúan contra el mercado, los beneficios se transparentan completamente, y los dividendos se determinan según criterios financieros objetivos que todos los accionistas conocen y han aprobado previamente.

Una práctica que ha demostrado ser efectiva es establecer en un pacto de accionistas una política de dividendos predecible, por ejemplo distribuir un porcentaje fijo de las utilidades cada año, independientemente de quién proponga qué. Esta predictibilidad permite que los accionistas pasivos planifiquen sus finanzas personales sin depender de negociaciones caso a caso, mientras que los accionistas activos saben exactamente cuánto capital quedará disponible para reinversión. El conflicto no desaparece, pero se canaliza hacia una discusión técnica sobre el porcentaje óptimo en lugar de una batalla personal sobre quién merece qué.

Reflexione sobre si en su empresa familiar existe una política de dividendos documentada que todos los accionistas conozcan y hayan aprobado. ¿Las compensaciones de los familiares que trabajan en la empresa se contrastan regularmente contra el mercado (y con ayuda de un tercero imnparcial)? ¿Hay transparencia total sobre los beneficios no salariales que reciben quienes ocupan posiciones ejecutivas?

El dividendo no tiene por qué dividir a la familia. Pero para que siga habiendo una, debe haber reglas claras antes de que las diferencias se conviertan en resentimientos.

P.D. Si la única vez que su familia discute sobre dividendos es cuando alguien necesita dinero urgentemente, ya llegaron tarde a la conversación que debieron tener hace años.