Hoy salen en Amazon los cinco volúmenes de Directorios al Descubierto. Parto por la objeción obvia, que es la que yo mismo haría. Buena parte de lo que hay adentro usted ya lo leyó aquí, gratis. Es cierto. Los libros nacieron de las primeras 241 ediciones de este newsletter y la página de créditos lo dice con todas sus letras.

Lo que cambia es el orden, y el orden resultó ser casi todo. Un newsletter se escribe en el orden en que pasan las cosas. Una semana tocaba el acta y la siguiente el almuerzo del domingo en la empresa familiar, según lo que anduviera dando vueltas en las salas. Así durante dos años. Cuando me senté a ordenar el material descubrí que no tenía 241 temas. Tenía cinco preguntas.

Quién se sienta en la silla y cómo llegó hasta ahí es el Volumen I, El oficio de director. Qué le pasa a esa gente cuando se cierra la puerta es el II, La psicología de la sala. El III, El eje del poder, trata de quién manda entre el presidente y el CEO. El IV, La máquina del directorio, de las agendas, actas y comités que deciden antes que los directores. Y el V, Los dueños, de la pregunta que ningún manual responde, que es para quién trabaja todo eso.

Leídos en fila, los capítulos dicen cosas que sueltos no decían. Los trece directores del zoológico (el Gnocchi, el Celebrity, el Camaleón y compañía) eran trece retratos para reírse del vecino. Juntos son un solo argumento, y bastante menos cómodo.

Hay una segunda razón, más pedestre. Cada capítulo termina con un recuadro de preguntas para llevar a la sala. Un libro se puede dejar sobre la mesa del presidente del directorio con una página marcada. Con un enlace de LinkedIn eso no resulta.

Están en Kindle, tapa blanda y tapa dura. Para quienes leen desde Chile lo más rápido es el Kindle, que se abre en el teléfono con la aplicación gratuita. El impreso viaja desde Estados Unidos.

Le pido dos cosas. Inicie el viaje hoy con el Volumen I. Y cuando lo termine escriba una reseña en Amazon con lo que de verdad piensa. Un libro independiente sin reseñas no aparece en ninguna parte, por bueno que le parezca a su autor.

Si al leerlo reconoce a alguien de su directorio, regáleselo. Si se reconoce usted, con mayor razón.

Ver la versión original en LinkedIn →