Hace poco, un grupo de directores conversaba animadamente sobre lo mucho que ha subido el riesgo personal. La conversación duró lo que duró el café. Uno de ellos le recordó a sus pares que la empresa tenía un seguro para sus directores, todos asintieron con alivio y cambiaron de tema. Ninguno había leído la póliza. Nadie sabía qué cubría y qué dejaba fuera. A ninguno le preguntaron qué riesgos debía cubrir, nadie vio alternativas y nadie participó en la cotización. Las coberturas, el monto asegurado y la compañía aseguradora se definieron fuera de la sala de directorio.
Detengámonos un segundo en esa escena. El seguro que protege a los directores de las consecuencias de supervisar mal a la gerencia típicamente lo diseñó, lo cotizó y lo contrató la propia gerencia supervisada. Finanzas buscó una prima razonable y la fiscalía revisó que el contrato estuviera en orden. Actuaron según su rol y sus incentivos. Los directores no tuvieron la chance de preguntar ¿qué pasa cuando nos demanden?
Ese día aparece la letra chica. Casi todas las pólizas de directores y ejecutivos (D&O, en la jerga) excluyen la conducta “dolosa”. Ya en 2023 el profesor Roberto Guerrero V., advertía a propósito de la Ley de Delitos Económicos: que el dolo será decisivo tanto para configurar el delito como para saber si el seguro responde. Traducido al castellano de pasillo, el fiscal tiene incentivos para imputar dolo y la aseguradora tiene incentivos para creerle.
Hay más. Las multas y sanciones penales en general no son asegurables. Los daños a personas y a bienes suelen quedar fuera del D&O, porque se supone que los cubre otra póliza. Y el límite casi siempre es uno solo, compartido. Si la póliza protege también a la empresa, a diez directores y a una docena de gerentes, todos comen del mismo plato, y los honorarios de los abogados se van descontando mientras el juicio avanza. El que llega tarde a la mesa encuentra las fuentes vacías.
Tampoco conviene olvidar la exclusión de “asegurado contra asegurado”. En América Latina los controladores pueden cambiar, y el nuevo dueño a veces decide demandar al directorio anterior en nombre de la propia sociedad. Muchas pólizas no responden en ese escenario. Y como la cobertura suele operar sobre reclamos presentados durante la vigencia, el director que renunció hace dos años puede descubrir que su protección se fue con él por la misma puerta.
Para ser justos, el seguro funciona cuando está bien hecho. En 2021 los aseguradores de Boeing pagaron íntegros los 237,5 millones de dólares del acuerdo con los accionistas que acusaban al directorio de ignorar la seguridad del 737 MAX. Pero ese directorio tenía detrás a los mejores corredores y abogados de Estados Unidos, y una póliza a la medida del tamaño del problema. ¿Cuántos directorios de la región podrían decir lo mismo? ¿Cuántos saben siquiera el monto de su límite?
Lo que propongo es simple. Pida la póliza. Léala con un abogado que no sea parte de la gerencia. Pregunte si cubre la defensa penal desde la formalización o solo después de una sentencia. Pregunte si existe una cobertura exclusiva para personas naturales (el llamado lado A), que no se agota cuando la empresa consume el límite. Pregunte qué pasa si la empresa quiebra, si cambia el controlador o si usted renuncia. Y la próxima renovación, que pase por el directorio antes de firmarse.
P.D. Un seguro que nadie leyó protege sólo al que lo vendió.