Transparencia y Credibilidad en Chile
Primero le sacaron la uña. A las horas le cortaron la primera falange y después la segunda. Al día siguiente cercenaron el dedo. Pasó una semana y amputaron la mano completa. Luego, sin decir tu tía, el cirujano aplicó la sierra a nivel del antebrazo. Al final, y tras un mes en coma, la tortura terminó cuando truncaron el brazo a nivel del hombro.
Este macabro relato es ficticio, pero no es otra cosa que un drama que se presenta a diario en el Teatro “La Fiscalía” y se titula “Negocios y Política”.
Penta y SQM son la uña del dedo meñique. Desde que hay elecciones los políticos de todos los colores desfilan por las oficinas buscando recursos para campañas. No hay grupo económico que se precie, por los que no hayan pasado el platillo.
Seamos realistas. Cualquier persona con una calculadora puede estimar que los gastos en una elección exceden con creces los límites establecidos. Bastaría con mirar, en ese periodo, los ingresos de empresas de comunicación, publicidad, imprentas y fábricas de letreros para tener un monto aproximado. Al seguir el hilo de las facturas de dichas empresas, el mapa de donantes y beneficiarios estaría claro.
No ha faltado nunca ni la información ni la capacidad técnica de investigar. Lo que ha faltado son las ganas de la autoridad. Se calla un secreto a voces, porque de revelarse, todos los involucrados pierden.
En general, los políticos no son ricos y sus patrimonios no alcanzan para una campaña de alcalde de pequeña ciudad. Muchísimo menos para diputado o senador. Incluso parece que políticos inmensamente ricos también necesitan pasar el platillo.
Las motivaciones y mecanismos son variados. Algunos empresarios han aportado de buena fe para apoyar a gente o ideas que consideran valiosas para el país o para generarle competencia a las que consideran nefastas al bien común. Otros dan dinero como una forma de ganar influencia. Están aquellos que dan sólo a los santos de su devoción y los que quieren estar bien con Dios y con el diablo.
Muchos aportan de su bolsillo personal usando los límites y mecanismos de la ley. Otros ceden a la presión (o tentación) de dar a cambio de boletas y con recursos de la empresa. Son pocos los controladores de grandes empresas que se pueden dar el gusto de enemistarse con el futuro presidente y su gabinete, o su eventual oposición. Sería una imprudencia imperdonable, y el caso Penta -que abrió la caja de Pandora- es un ejemplo del precio a pagar.
Dejemos de torturar al paciente haciendo pequeños cortes y amputemos de una vez. Que las empresas entreguen al SII toda información sobre aportes a políticos con boletas o facturas en los últimos diez años. Que paguen todos los impuestos, intereses y multas que correspondan. Después, que el SII entregue al público la información detallada de los montos y los políticos (o sus representantes) que recibieron dichos recursos.
Las consecuencias pueden ser tremendas. Muchos verán su prestigio dañado y quizás caigan figuras emblemáticas y valiosas. ¿Borrón y cuenta nueva? ¿Acuerdo entre la Nueva Mayoría y la Alianza? ¿Comisión Engel? Ninguna será legítima ni sostenible si no se conoce primero la verdad. Quizás perdamos un brazo, pero al menos tendremos una chance de salvar al paciente antes de que se nos muera