“¡Gracias… totales!”, el cierre célebre de Gustavo Cerati sirve, por una vez, sin ánimo de despedida.

Hace 20 meses este newsletter empezó como un experimento. La hipótesis era modesta: que existía espacio para hablar de directorios sin recetas recicladas, sobre lo que de verdad pasa en la sala cuando el poder, la información y el silencio se organizan a espaldas del organigrama.

El experimento se salió de control. Millones de lecturas. Miles de mensajes, algunos generosos, los mejores incómodos. Presidentes que discreparon por escrito y me obligaron a pensar mejor. Y toneladas de aprendizajes que ningún plan editorial habría producido.

Lo que aprendí publicando 230 ediciones

Tres cosas, en honor a la brevedad.

Primera: las ediciones que más circulan no son las que dan respuestas, sino las que hacen la pregunta que nadie se había atrevido a poner en la mesa. El apetito por incomodidad inteligente es mayor de lo que los manuales suponen.

Segunda: los lectores más activos no son los que imaginé. Junto a presidentes y directores escriben fundadores preparando su sucesión, ejecutivos que aspiran a su primera mesa, y una cantidad sorprendente de hijos e hijas de familias empresarias leyendo en silencio.

Tercera: el algoritmo es un mal bibliotecario. Las mejores ediciones viven tres días en el feed y desaparecen. Un director me escribió: “me acuerdo de un artículo tuyo sobre comités que se pelean; no lo encuentro”. Tenía razón en no encontrarlo — el conocimiento que no se puede recuperar cuando se necesita, no existe.

Una casa con la puerta abierta

Por eso construí una casa propia: alfredoenrione.com. Ahí está ahora la biblioteca completa: todas las ediciones y ensayos, organizados por tema: el poder, la información, el disenso, la presidencia, la empresa familiar. Buscable, gratis, sin registro.

Lo intenté antes compartiendo links aquí, pero LinkedIn castiga los links externos en los posts y los entierra. Ahora tienen un lugar conocido.

Ahí está también el archivo del newsletter, edición por edición, y la opción de recibirlo directo en su correo, sin depender de que el algoritmo decida mostrárselo.

Y en las próximas semanas les iré mostrando otras herramientas que he ido dejando ahí, empezando por una que me tiene especialmente entusiasmado: un autodiagnóstico de directorios. Espera unos días mas.

Gracias totales. Lo que viene es mejor que lo que pasó.

P.D. Veinte meses de feedback confirman mi sospecha inicial: los directorios no necesitan más respuestas. Necesitan mejores preguntas, y un lugar donde encontrarlas cuando importa.

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