¿Leyes injustas o leyes ineficientes?

Mientras que al aprobarse una ley no exista la obligación de demostrar con rigor los impactos económicos y sociales, en Chile seguiremos repitiendo el dicho popular: “No me ayude, compadre”.

 

Es habitual escuchar debates entre una derecha que defiende la eficiencia económica y una izquierda que aboga por la justicia social. Curiosamente, lo normal es que se termine promoviendo fórmulas populistas que resultan injustas y a la vez ineficientes.

Se busca ayudar a las nanas con contratos más estrictos, pero en solo unos meses treinta mil se quedan sin trabajo. Se trata de “nivelar la cancha” empoderando a los sindicatos y entregando educación gratuita, pero trabajadores y estudiantes sufrirán las consecuencias de malos proyectos. Más cesantía y mayor segregación entre ricos y pobres.

En diferentes países de la OCDE existe un claro concepto llamado Análisis de Impacto Regulatorio (AIR) donde ANTES de legislar sobre una materia se analizan primero las mejores prácticas mundiales al respecto. Además expertos reconocidos evalúan ex-ante los impactos esperados en los planos económicos y sociales. Por último, la regulación es analizada ex-post. ¿Cuáles fueron los efectos logrados en relación a los esperados? ¿Es necesario hacer ajustes?

Mientras que al aprobarse una ley no exista la obligación de demostrar con rigor los impactos económicos y sociales, en Chile seguiremos repitiendo el dicho popular: “No me ayude, compadre”.

Publicado en EL MERCURIO 24 de noviembre de 2015

Escándalos empresariales e hipocresía nacional

Cuando discutamos de estándares morales reconozcamos también nuestra propia hipocresía. Hay que partir por nuestras propias casas. Nuestros colegios, nuestras calles y nuestros hospitales. Nuestro gobierno y nuestro parlamento.

En los últimos años hemos sido testigos de una serie de escándalos empresariales. Colusión, abuso y contabilidad adulterada han generado la indignación de la opinión pública. Se exigen compensaciones a las víctimas y todos se preguntan, mirando al cielo, ¿qué pasa con los valores y la ética de los empresarios?

Como es natural, también surgen algunas voces oportunistas que aprovechan de atacar “el modelo”. Aquel donde, según ellos, inocentes ciudadanos son sistemáticamente abusados por los capitalistas.

Que no quepa duda. La conducta de algunos empresarios ha sido reprochable y si cometieron delitos deberán pagar las penas correspondientes. También resulta incuestionable que la vara con que se miden los líderes debe ser más estricta que la usada con el resto del mundo. Éstos reciben un voto de confianza para administrar recursos y dirigir personas. Aunque no estén conscientes, son vistos como modelos a imitar y su visibilidad exige un mayor grado de responsabilidad.

Sin embargo, en los momentos en que se debate sobre ética y moral es necesario revisar también el estándar moral que usamos con nosotros mismos. Partamos por reconocer que, en realidad, el estándar no es muy alto.

Ya desde nuestra infancia, en el colegio donde nos formamos, la copia es tolerada y a veces celebrada. Probablemente un profesor sancionará a quien pille en la falta, pero no recibirá la misma sanción moral de sus compañeros. En inglés a “la copia” se le dice “hacer trampas”, pero para nosotros es más cómodo usar eufemismos. De la misma forma, la reprochable conducta del jugador de la selección que causó la expulsión de su rival no fue trampa. Fue “picardía criolla”.

Para buena parte de nosotros, las leyes se respetan, pero dependiendo de la hora, el lugar y la posibilidad de ser pillados. Hasta contamos con aplicaciones en el celular para evadir los controles policiales en calles y carreteras.

Si hablamos de la propiedad intelectual, Chile está entre los peores infractores a nivel mundial. Más del 90% de la música y del 70% del software son “pirateados”. No suena tan mal como robados.

Según diferentes estudios, una de cada tres licencias médicas es falsa. Lumbagos, depresiones o reflujos imaginarios cuestan al país más de trescientos millones de dólares al año. Esto también significa que las empresas cuentan con menos trabajadores de los que tienen contratados. La “picardía” de médicos y pacientes se traduce en niveles de absentismo un 30% superiores al resto de la OCDE.

Cada semana millones de viajes en el Transantiago se hacen sin pagar. Viajamos incómodos, pero nos ahorramos cuatrocientos millones de dólares el año en “evasión”. Otro eufemismo para el robo.

Cuando discutamos de estándares morales reconozcamos también nuestra propia hipocresía. Hay que partir por nuestras propias casas. Nuestros colegios, nuestras calles y nuestros hospitales. Nuestro gobierno y nuestro parlamento.

“Mal de muchos..”, dirán algunos, pero al final del día será difícil exigir a las empresas mucho más de lo que estamos dispuestos a exigirnos a nosotros mismos.

Colusión y Paradojas en Chile

Es poco consistente que los que rasgan vestiduras por la libertad de las personas para elegir hagan tantos esfuerzos por limitar las opciones en educación.

 

El tema de la colusión ha captado la atención pública en la última semana en Chile, generando titulares y críticas desde el mundo político y empresarial. Hasta nuestra presidenta ha hecho declaraciones respecto del último caso y sus implicancias.

Surgen a diestra y siniestra gritos en defensa de los consumidores y las pymes. Arriba la libertad para competir. Abajo los monopolios. Queremos elegir. Que funcione el mercado, sinprecios fijados a dedo por unos pocos.

Sin embargo, cuando hablamos de educación las consignas y los esfuerzos de libertad van en la dirección contraria. El Estado quiere controlar la oferta y limitar la competencia comprando colegios subvencionados y absorbiendo los establecimientos municipalizados. El Estado quiere limitar los precios y modelos de gestión de la educación superior.

Es lamentable que en un país la defensa de las libertades se quede en las servilletas y el papel confort.

Para muchos la educación, como la justicia o la salud no puede siquiera “concebirse” como una actividad sujeta a la competencia o el mercado. Sin embargo la idea de competir y permitir a la gente la libertad de elegir no requiere que las actividades anteriores sean desempeñadas por empresas o que deban tener fines de lucro.

El Hogar de Cristo compite por donaciones y por captar voluntarios. El Partido Demócrata Cristiano también compite con otras agrupaciones políticas por aportes a sus campañas y por atraer adeptos. El país entero compite con el resto del mundo por atraer turistas e inversionistas. En los casos anteriores los donantes, los votantes y los inversionistas son libres de elegir qué quieren.

Lo que está en juego en la educación es mucho más que oferta y demanda. Es la libertad de los padres de elegir. Para los que no pueden pagar mañana podrán elegir lo que quieran, mientras sea un establecimiento estatal, con los contenidos y métodos definidos por el Ministerio y designado por la coalición gobernante

Es poco consistente que los que rasgan vestiduras por la libertad de las personas para elegir hagan tantos esfuerzos por limitar las opciones en educación.

 

Publicado en El Mercurio, 3 de noviembre de 2015

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=197666

La falacia del lucro con fondos públicos

Prohibir el lucro con fondos públicos es un crimen. No podemos darnos el lujo de renunciar al mecanismo más poderoso que existe para atraer la inteligencia y los recursos al servicio de un propósito social. No a la falacia, y menos con la educación.

 

Partiendo por nuestra presidenta, a todos los empleados públicos les pagan una remuneración por su dura labor. Parlamentarios, ministros, abogados, médicos, contadores, ingenieros, psicólogos y académicos que trabajan en el sector público reciben dineros  para cubrir sus gastos familiares, hacer inversiones y ahorrar para su jubilación.

El Estado, además, se vale todos los días de empresas privadas para alimentar a millones de escolares, construir carreteras, hospitales y obras de riego. Dichas empresas usan estos fondos públicos para pagar los insumos, los salarios de sus empleados, los gastos financieros y los impuestos. Los excedentes, si los hay, se distribuyen en la empresa entre quienes arriesgaron su capital en ella.

La Real Academia de la Lengua define “lucro” como el provecho que se saca de algo. Aquí no cabe duda de que tanto los funcionarios públicos como las empresas “lucran” con fondos públicos. Si el Estado no pagara precios razonables no contaría con funcionarios ni empresas que le den servicios. Trabajarían en otro sectores o focalizarían sus recursos en actividades más provechosas.

El Estado al actuar como comprador y como regulador cumple un rol extraordinariamente importante en la organización social. Al aumentar las posibilidades de lucro en algunas áreas se atraen talentos y recursos. Al disminuirlas, el Estado los desvía hacia otras actividades. Así por ejemplo, no nos sorprende que, por un lado, siempre sobren candidatos para ocupar las plazas parlamentarias, y por otro, nuestro sistema público de salud, por más que se esfuerza, nunca logra llenar los cupos de especialidades médicas. Seguramente los millonarios sueldos y privilegios ayudan a varios a descubrir dónde está su vocación por el servicio.

En este sentido, llaman la atención los cambios que estamos viendo en la educación. Aquí el Estado parece desconocer los principios más básicos de sentido común. Todos queremos una educación de calidad. Mejores profesores, metodologías actualizadas e innovadoras, programas curriculares flexibles e inclusivos, acordes con los desafíos de las sociedades modernas.

Lamentablemente aquellos llamados a tomar las decisiones van en la dirección contraria. En vez de crear los incentivos para hacerlo mejor, implementar métodos efectivos o atraer talentos a la carrera docente, dedican sus esfuerzos a imponer una ideología y tomar el control del sistema. Estatizar la educación municipal, comprar los colegios subvencionados y subyugar, vía financiamiento, a las instituciones universitarias. Todo vale para expulsar a los privados de la educación.

La mala calidad de la educación contribuye a dolorosas desigualdades y amenaza con dejar a Chile abajo del tren de la ciencia y el conocimiento. Prohibir el lucro con fondos públicos es un crimen. No podemos darnos el lujo de renunciar al mecanismo más poderoso que existe para atraer la inteligencia y los recursos al servicio de un propósito social. No a la falacia, y menos con la educación.

 

Publicado en El Líbero 21 de octubre de 201

http://ellibero.cl/opinion/la-falacia-del-lucro-con-fondos-publicos/

Empresarios diabólicos – Políticos santos

Mientras no tengamos una visión realista de las limitaciones e intereses de los legisladores seguiremos viendo cómo bien intencionadas reformas terminan dejando las cosas peor para aquellos a quienes se intenta proteger.

Publicado en El Mercurio, martes 13 de octubre de 2015

Es común escuchar que las fallas del mercado se corrigen con regulación. Tenemos entonces una fórmula milagrosa a problemas originados en la codicia, las asimetrías de información, los monopolios y, en general, la “crueldad” del mercado.

Así, mientras los empresarios actúan en forma egoísta y cruel, los legisladores que los regulan lo hacen de manera totalmente desinteresada y con foco exclusivo en el bien común.

Académicos del Public Choice Theory como Buchanan, Östrom y Stigler obtuvieron el premio Nobel por mostrar las consecuencias de tener legisladores tan imperfectos como aquellos que desean regular. Es así como, muchas veces, el remedio resulta peor que la enfermedad.

Mientras no tengamos una visión realista de las limitaciones e intereses de los políticos seguiremos viendo cómo bien intencionadas reformas terminan dejando las cosas peor para aquellos a quienes se intenta proteger.

El principal impulsor del Public Choice Theory (o Teoría de la Elección Pública) fue James Buchanan, pero varios premios Nobel en economía trabajaron y se desarrollaron en esta área. Entre ellos, George Stigler, Gary Becker, Vernon Smith y Elinor Ostrom.

Si desea entender los principales conceptos de Public Choice le recomiendo ver este video de siete minutos en español del profesor Martin Krausshttps://youtu.be/O6U47eT0xEE

Si desea una explicación más detallada puede ver una clase completa (82 minutos) del mismo académico en este video https://youtu.be/kzNAE07jAgA

Por último, si tiene curiosidad y no le importa el inglés puede ver al propio James Buchanan en una conferencia en este video: https://youtu.be/DkkyY6Wg0tA

Un país no se construye en cuatro años

Necesitamos que a nuestros gobernantes les vaya bien, muy bien. Sin embargo, si los tres últimos presidentes fueron electos bajo fuertes consignas de cambio, queda en evidencia que el cortoplacismo de electores y elegidos es el paradigma dominante.

 

Faltan exactamente dos años para que se inicie una nueva campaña por el sillón presidencial y parece que sólo fue ayer cuando escuchábamos las propuestas de los entonces candidatos. Unos planteaban consolidar el modelo que había traído crecimiento, progreso social y la admiración de todo el mundo. Otros un modelo nuevo donde el desarrollo económico se compatibilizaría con una mayor equidad y justicia social.

Hoy qué duda cabe que todos, independiente de sus preferencias políticas, están frustrados. El electo gobierno inició una carrera febril de reformas pero el país se frenó, las inversiones se congelaron y finalmente no estarán los recursos para cumplir con las promesas electorales.

Como consecuencia, connotados personajes de la Nueva Mayoría buscan sobrevivir alejándose de los costos políticos de un chascarro y la Alianza saca cuentas alegres de cómo capitalizará la frustración ciudadana para el 2017. En cualquier caso, no podemos olvidar que el rotundo fracaso de una coalición gobernante no sólo es un triunfo electoral para su oposición. También es un drama de proporciones para el país y su gente.

Necesitamos que a nuestros gobernantes les vaya bien, muy bien. Sin embargo, si los tres últimos presidentes fueron electos bajo fuertes consignas de cambio, queda en evidencia que el cortoplacismo de electores y elegidos es el paradigma dominante.

Un gran país no se construye en cuatro años y los líderes sociales, políticos y empresariales deben empezar a mirar más allá de sus narices y trabajar por el Chile que trasciende a los gobiernos de turno. ¿Por dónde empezar?

Este último año he tenido el privilegio de trabajar como profesor en la Universidad de Stanford. Desde la distancia, no he podido dejar de pensar en Chile y sus desafíos. He estudiado la historia económica y política de países que superaron “la barrera de los ingresos medios” y de otros que en los umbrales del desarrollo involucionaron para caer en un caos. Los hallazgos me sorprendieron y creo que podrían ser útiles para plantear una agenda país más allá de la contingencia.

Más allá de las ideologías, regímenes o políticas macroeconómicas de turno, los países que superaron la barrera y alcanzaron el pleno desarrollo contaban con tres elementos fundamentales que en Chile están deficitarios o, al menos, crujiendo en forma escandalosa.

El primer elemento es que estos países contaban con instituciones fuertes y valoradas. Nadie alcanzó el desarrollo pleno sin ellas. Incluso países favorecidos por grandes riquezas naturales como Argentina, Rusia o Venezuela han chocado varias veces contra la muralla de la falta de instituciones, en ocasiones retrocediendo en forma dramática. Grecia es otro ejemplo de un país al que sin instituciones fuertes la riqueza le duró muy poco.

Como nos han demostrado escándalos recientes, en el caso de Chile las instituciones estaban más débiles de lo que pensábamos. Se hicieron grandes cambios en aspectos para la regulación de los mercados de capitales y el financiamiento a la política, pero nos olvidamos de consolidarlos.

El segundo elemento es que los países que alcanzaron el pleno desarrollo construyeron también sociedades más inclusivas. A partir de doce mil dólares per cápita ya no es la riqueza la que mejor predice las expectativas de vida, la criminalidad, el embarazo adolescente o el alcoholismo. Es la estructura de la sociedad. A modo de ejemplo, con una fracción del ingreso, Chile supera la expectativa de vida al nacer que EEUU.

En este aspecto, nuestro país tiene mucho que avanzar para dejar de ser una sociedad dividida en los ingresos y en las oportunidades. Incluso nuestras ciudades se estructuran en “multi-guettos” estratificados rigurosamente para vivir, estudiar y trabajar. Algunos argumentarán que la desigualdad es producto natural del talento y esfuerzo personal, pero estudios recientes demuestran que más del 60% de las diferencias de ingresos entre dos chilenos se explica por la diferencia de ingresos entre sus padres. En Perú es más del 70% y en Dinamarca es menos del 10%.

En tercer lugar, los países desarrollados cuentan con altos niveles de confianza entre las personas. En Noruega u Holanda, dos tercios de sus ciudadanos están dispuestos a confiar en un extraño. En Chile, sólo uno de nueve. Mientras que en Singapur, en los últimos 30 años la confianza se ha duplicado y en nuestro país ha caído a la mitad.

Instituciones, tejido social y confianza son árboles que tardan décadas en alcanzar la madurez y dar sus frutos. Por lo mismo, es fundamental que nuestros líderes pongan manos a la obra lo antes posible y se dejen de pensar que un país se construye en cuatro años.

Rescatemos las Instituciones

Más allá del PIB per cápita eran las instituciones las que nos distinguían de nuestro países de la región. Hoy las diferencias se acortan aceleradamente, y no precisamente por méritos de los vecinos.

 

En los últimos cuarenta años Chile experimentó un crecimiento económico sin precedentes en la historia. También reforzó sus alicaídas instituciones económicas, judiciales y políticas. Al menos eso creíamos.

El telefonazo a Barrancones, la ejecución política de Hidroaysen, el foco prácticamente “unidireccional” de la Fiscalía, los acomodaticios cambios de doctrina del SII y meses de acefalia de la Contraloría dejan en evidencia un grave deterioro de la institucionalidad.

La sociología, la historia y la economía nos demuestran una y otra vez que las instituciones son fundamentales para el progreso y estabilidad de las naciones.

Más allá del PIB per cápita eran las instituciones las que nos distinguían de nuestro países vecinos. El respeto a la propiedad privada, la imparcialidad de instituciones regulatorias y judiciales nos distinguían. Hoy las diferencias se acortan aceleradamente, y no precisamente por méritos de los vecinos.

Nuestros líderes políticos, de todos los colores,tienen la responsabilidad de velar por el funcionamiento y prestigio de nuestras instituciones y están faltando gravemente a su deber. Por favor, dejen de pensar en reformas con beneficios electorales de corto plazo y preocúpense de las instituciones antes de que sea demasiado tarde.

 

Publicado en El Mercurio, 22 de septiembre de 2015, Página B4

Mentiras Privada y Mentiras Públicas

En Chile, la mentira hace un rato que se salió de madre, dejó de ser benigna y propia de individuos tratando de salvar la cara. Hoy vemos a diario que voceros y cúpulas intentan sostener afirmaciones que ya nadie cree.

 

Los misterios de un computador al que se le borró el disco duro, connotados políticos que niegan que hayan sido financiados por empresarios y los motivos puramente personales para regresar a Europa de un famoso jugador de la Selección tienen un factor en común. Recientes investigaciones en psicología y neurociencias han demostrado que, a pesar de que sabemos que está mal, la gente miente y con frecuencia. A los seis meses de vida un niño ya es capaz de engañar y a los cuatro es bastante co mpetente para mentir.

La evidencia empírica indica que más de la mitad de la gente exagera o directamente falsea su currículo. De hecho, como demostró la prensa en su momento, nuestra Presidenta y su principal rival en la última elección también cayeron en dicha tentación. Más de cuatro quintos de los perfiles y fotos en las redes sociales contienen distorsiones y retoques que nos hacen ver más atractivos, jóvenes o inteligentes.

La mentira es parte de nuestra adaptación evolutiva. Se miente para salir de situaciones incómodas, ganar alguna recompensa, proteger los sentimientos de otras personas, preservar o reforzar una alianza. Se oculta la verdad para aumentar el prestigio social y evitar problemas. Esta “cualidad” no es exclusiva del hombre, ya que incluso otros primates, delfines y algunas aves son también capaces de engañar.

Las investigaciones, asimismo, demuestran que aquellos en posiciones de liderazgo son especialmente susceptibles a mentir. Así por ejemplo, la última biografía de Steve Jobs lo describe sin tapujos como un mentiroso excepcional, capaz de “distorsionar la realidad” en forma dramática.

Afortunadamente la psicología demuestra también que la mayoría de nuestras mentiras son “benignas”, no buscan dañar a nadie y sirven para suavizar las relaciones interpersonales.

El caso de Chile es más patológico. La mentira hace un rato que se salió de madre, dejó de ser benigna y propia de individuos tratando de salvar la cara. Hoy vemos a diario que voceros y cúpulas intentan sostener afirmaciones que ya nadie cree.

Algunos ejemplo recientes: En julio estábamos en horario de verano “para no molestar a la gente con cambios”. La hipertrofia del Estado no es para generar clientelismo ni favorecer a personeros de los partidos gobernantes. La colusión y el uso de información privilegiada en Chile han sido algo francamente excepcional. Las instituciones funcionan. Los niveles de delincuencia son sólo una “sensación”. La intimidación y la quema sistemática de camiones y predios en La Araucanía no es terrorismo. No hay ningún sesgo político en el actuar de la Fiscalía ni en la autorización de marchas ciudadanas.

No debe sorprendernos después la descomposición social que emerge como consecuencia. Según estudios internacionales, los niveles de confianza interpersonal han caído a la mitad en 30 años. El prestigio de las instituciones también está en el suelo. La amplia mayoría de los ciudadanos desconfía de los organismos públicos y la justicia. Por último, también existe un cuestionamiento creciente a la legitimidad de quienes ocupan cargos de autoridad. El gobierno, los parlamentarios y los políticos baten récords históricos en el nivel de rechazo y desconfianza que despiertan entre la ciudadanía.

Las investigaciones en ciencias sociales demuestran que para generar una cultura de confianza, el primer paso es desterrar el miedo a decir la verdad. Para ello las elites que originan el problema deben ser parte de la solución. La evidencia sugiere que la clave para reconstruir confianzas es que quienes lideran reconozcan públicamente sus propios errores. Al final del día resulta poco realista que un líder espere de sus seguidores unos estándares que no aplica consigo mismo.

La recuperación de las confianzas y el cambio de rumbo sólo podrán iniciarse cuando nuestros líderes políticos, sociales y empresariales comiencen a poner la cara, llamar a las cosas por su nombre y decir la verdad, aunque duela.

Publicado en El Libero 13 de septiembre de 2015

http://ellibero.cl/opinion/mentiras-privadas-y-mentiras-publicas/

El Rol de la Empresa Privada en los Problemas Sociales

El Mercurio, 1 de septiembre de 2015

La semana pasada, durante la celebración del Día Nacional de la Educación Técnica Profesional nuestra presidenta instó a los empresarios a involucrarse más en este segmento de la educación.

En efecto, las empresas pueden ser un enorme agente de transformación y mejora de la sociedad. Basta ver iniciativas privadas como el INACAP o la Asociación Chilena de Seguridad que, desde su creación, han mejorado la calidad de vida de millones de personas. Un marco de reglas estable y coherente, unos incentivos bien puestos y la creatividad empresarial siempre se las ingeniará para solucionar una necesidad insatisfecha.

Hoy en el mundo moderno florece la “Social Innovation”. En ésta los gobiernos y las ONG’s buscan trabajar con empresas privadas para resolver los grandes desafíos de la sociedad. En Chile la señal a los empresarios es opuesta; repliéguense de los temas sociales o subyúguense al Estado.

El campo de la “Innovación Social” tiene varias corrientes y definiciones. Sin embargo, podemos reconocer tres elementos en común: (1) el diseño y provisión de nuevas soluciones a problemas sociales que son más eficaces, eficientes y/o sostenibles; (2) que el valor creado por dichas soluciones es distribuido ampliamente en la sociedad y, en consecuencia, no resulta capturado por un actor en particular y; finalmente, (3) que se genera en la interacción colaborativa entre empresa privada, gobierno (local, regional o nacional) y organizaciones sin fines de lucro.

Si quiere saber más sobre Social Innovation le recomiendo ver estos breves y didácticos videos

https://youtu.be/emipVpTXV0o

No hay mas sordo que el que no quiere oir

El Mercurio, lunes, 10 de agosto de 2015

En el verano del 2013 un grupo de policías antidisturbios se dirigió a disolver una protesta en las afueras de un gran hotel en Los Ángeles. Allí se celebraba la conferencia anual de la Asociación Graham Bell para la Sordera y Dificultades de la Audición. En ese lugar se desplegaban las últimas tecnologías y se planteaba la posibilidad de terminar definitivamente con la sordera.

Aunque parezca increíble, los manifestantes eran todas personas sordas y se oponían tenazmente a la idea de “curarse”. Valoraban su condición como totalmente normal, con su cultura y su lenguaje propio.

Si bien, los manifestantes de la historia están en todo su derecho a perseverar en su sordera, quienes dirigen nuestro país no. La cifras de la economía, los expertos internacionales, el mercado y las familias de Chile hablan fuerte y claro contra unas malas reformas. Por favor, dejen de hacerse los sordos.

No hay ninguna duda de que nuestro país requiere reformas, algunas muy profundas. Nuestra educación es mala, en especial la de los más pobres. Las leyes tributarias son complejas y anticuadas, lo que sirve para que algunos se aprovechen. La legislación laboral tampoco está a la altura de los tiempos. Todos estamos de acuerdo con hacer reformas como una declaración de principios.

Sin embargo, esto no debe ser interpretado como un cheque en blanco para dejarse llevar por ideologías monocromáticas y atarantarse sin escuchar razones.

Alguien sabio una vez me dijo que el rasgo distintivo de los países desarrollados es que en ellos cada detalle -desde la vida cotidiana hasta las instituciones y las leyes- había sido analizado y diseñado a fondo por la gente más capaz.

Porqué entonces no dedicamos el tiempo y la energía que se merecen temas tan importantes como la educación que reciben nuestros hijos, las condiciones que regulan nuestro trabajo diario o los derechos que tiene el Estado a meterse en nuestro bolsillo.

Original en: 

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=171772